viernes, 4 de marzo de 2016

La astucia del señor Rojo

Informe del caso del Señor Rojo

Fue alrededor de las 10 de la noche cuando recibimos la llamada. Mi compañero y yo estábamos en mi departamento descansando cuando el teléfono sonó, mi compañero atendió la llamada y alguien nos informó sobre el paradero del hombre que durante más de un mes habíamos perseguido, al no saber nada de él más que su género lo llamamos “el señor Rojo“ haciendo referencia al sombrero de ese color que siempre llevaba. La llamada fue corta y según mi compañero la persona al otro lado del teléfono parecía tanto apurada como nerviosa, nos dijo que el hombre que buscamos iba a estar en el hotel “Damián“, en la habitación 101.
Le tuve que recordar a mi compañero llevar su arma, era costumbre suya dejarla olvidada siempre.
Cuando llegamos al hotel, nos dimos cuenta de que a pesar de seguir en pie, dicho hotel hace ya varios años había dejado de funcionar, llamarlo las ruinas del hotel “Damián“ habría sido más exacto. Ya eran más de las 11 de la noche cuando entramos en las ruinas del hotel, a pesar de que mi compañero siempre tomaba la iniciativa en nuestro trabajo, en estas situaciones era yo el que dirigía las incursiones por ser el mejor tirador entre los dos.
Una sucia alfombra amortiguaba el ruido de nuestros pasos, confiaba que gracias a eso el señor Rojo no detectara nuestra presencia.
Debíamos subir hasta el segundo piso del hotel que era donde comenzaban las habitaciones, al ver el estado de las gradas entendimos perfectamente por qué el señor Rojo se había quedado en ese piso y no en uno superior.
Por fin teníamos en frente de nosotros la puerta de madera oscura que gracias a la linterna de mi compañero pudimos identificar como la habitación 101, antes de proceder escuchamos atentamente y parecía estar vacía, mi compañero no perdió tiempo y utilizando sus herramientas logró abrir la cerradura. Adentro, la habitación estaba en completa oscuridad excepto por la luz que se escapaba por la rendija de la puerta del baño y encima de la cama estaba la confirmación de que estábamos en el lugar correcto, el sombrero del señor Rojo yacía sobre el edredón de la polvorienta cama.
 El señor Rojo debía estar tras la puerta del baño, le hice cierta señal a mi compañero para que se apartara y derribé la puerta con la ayuda de dos balas de mi arma, entré rápidamente y encontré lo que siempre dejaba atrás el señor Rojo un cuerpo con la garganta abierta en el suelo del baño. Me enfurecí por completo pero mi compañero se percató de algo, el hombre que estaba el suelo estaba lastimado pero no estaba muerto, por fin nos habíamos adelantado al señor Rojo y este no pudo terminar su trabajo y esto significaba que no estaba muy lejos.
En un estado casi de embriaguez el hombre balbuceó algo sobre la ventana, me asomé y vi a un hombre correr hacia la avenida, casi como si hubiera sido por puro instinto me lancé del segundo piso aterrizando sobre un basurero y empecé mi persecución, mi compañero mucho más inteligente, bajó con más cuidado uniéndose a mi en la búsqueda del señor Rojo. No éramos policías, no teníamos refuerzos éramos solo mi compañero y yo contra el señor Rojo.
Yo mismo en anteriores ocasiones ya había perseguido al señor Rojo y esta vez por fin era yo el que corría más rápido, cuando consideré que era una distancia prudente saqué mi arma y disparé una sola vez. La bala impactó de manera casi perfecta la pierna del señor Rojo, por fin después de tanto logramos atraparlo.
El señor Rojo estaba terriblemente asustado, balbuceando cosas e implorando piedad. Cuando mi compañero se nos unió este se enfureció ya que reconoció la voz del hombre al que yo había disparado, era la misma voz que nos había informado del paradero del señor Rojo y en nuestra obsesión por capturarlo habíamos dejado en la habitación 101 del hotel “Damián“ al verdadero señor Rojo.


Fin del informe.

Alex Samaniego